Sí al Bono de Bs. 500 para los discapacitados

Posted on 25/04/2016

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Foto (c) La Razón

Desde la “oscura noche neoliberal” tan vilipendiada por casi todo el mundo en Bolivia, en especial por aquellos que no entienden qué rayos es el “neoliberalismo”, toda la región latinoamericana ha hecho esfuerzos, a diversa escala, para construir redes de protección social basadas muy fuertemente en transferencias directas de recursos a las personas más vulnerables, condicionadas o no, para construir lo que se llama un “piso básico de ingreso” que les permita salir de la pobreza, en especial la pobreza extrema.

En el último decenio, y esto hay que reconocérselo al gobierno, no solamente no se ha modificado esta política, de hecho se ha profundizado, al punto que Bolivia es hoy uno de los ejemplos regionales, en especial en universalización de estas transferencias directas, en particular cuando hablamos de tres bonos muy importantes: la Renta Dignidad, para los adultos mayores, el Bono Juancito Pinto, para niñas, niños y adolescentes en edad escolar, y el Bono Juana Azurduy, para las madres y los infantes. El año 2015, Bolivia invirtió 4,3 mil millones de Bolivianos, es decir, aproximadamente 2% de todo el presupuesto consolidado para ese año, en estos tres bonos. Si bien parece una cifra muy alta, considérese lo siguiente: esto representa solamente 0,01% del PIB, porcentaje muy cercano a la inversión en 2015 solamente en canchas deportivas (3,6 mil millones de Bolivianos).

Considerando que en Bolivia existen aproximadamente 85 mil personas con capacidad diferente calificada, otorgar a esta población especialmente vulnerable un bono fijo de Bs. 500 mensuales, significaría aumentar a la inversión en protección 510 millones de Bolivianos a los 4,3 mil millones señalados, aumentando la participación en el gasto público en apenas 0,23%, o su participación respecto al PIB en 0.0019%. Peanuts.

Ahora, se entiende perfectamente que esto no es ni por asomo lo único que hace un gobierno, y que múltiples necesidades y operaciones emergen inevitable y necesariamente cada año. Pero es que hay que definir acá cuáles son nuestras prioridades como país. ¿Es más importante construir palacios, estadios y aeropuertos (en medio de la nada, además) que ampliar nuestra red de protección social para incluir a los más excluidos de los más excluidos? ¿Tiene sentido invertir 70 millones de dólares en un palacio legislativo de 20 pisos cuando ese mismo dinero cubriría 96% de lo que se requiere para crear este bono?

Yo soy una de las personas que cree mucho en las transferencias directas como mecanismo para salir de la pobreza. Entiendo que no todo el mundo pensará como yo, y muchos pensarán que es más importante desarrollar la infraestructura y el prestigio de un país para luego por goteo sacar a los pobres de su condición. Pero, hasta donde mi limitado conocimiento de los mapas políticos me alcanza, yo tenía entendido que la ideología que propugna el uso de los recursos del Estado para proteger a los pobres y generar oportunidades para los más desfavorecidos se llamaba “izquierda”, y la ideología que propunga que la riqueza la deben generar los de arriba y esperar a que esa riqueza baje naturalmente hacia los más desfavorecidos se llamaba “derecha”. El gobierno haría bien en decidir de qué lado está.

Mientras tanto, para ayudarles a decidir, yo pienso ir a recibir a la marcha de los discapacitados con un fuerte abrazo esta tarde. ¿Me acompañas?

Esteban

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