Otra vez Mayo

Posted on 01/05/2016

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Me robo el título de la novela de Marcelo Quiroga Santa Cruz – Otra Vez Marzo – para, un año más, lamentar la expropiación de la izquierda y de las luchas populares por una nueva nueva rosca criollo-mestiza (no hay error, la palabra está repetida a propósito) que señaliza con guiñador a la izquierda pero da palo con la derecha. Y la pucha que da palo.

Amartya Sen, Premio Nobel de Economía, demostró en 1999 que existen dos tipos de libertad económica. A uno lo llamó libertad pasiva, es decir la desregulación de la economía, y otra, mucho más deseable, a la que llama libertad activa, entendida como la capacidad real de elegir para hacer o lograr algo. Sen argumentaba, para ilustrar su idea, que durante las hambrunas, no suele restringirse la libertad comercial ni se ponen regulaciones a los alimentos, pero la gente muere de hambre de todas maneras, porque carece de la libertad efectiva de alimentarse.

A fin de cuentas, todo esto viene a colación para reforzar la idea de que el crecimiento y la prosperidad no lo son todo. El mismo partido de gobierno, y en general la corriente del autodenominado “Socialismo del Siglo XXI”, teóricamente había llegado a similar conclusión, con la famosa teoría, si se le puede llamar así a una idea tan panfletaria y poco desarrollada, del “Vivir Bien”. Era, pues, una propuesta desde una izquierda que intentaba reinventarse.

Pero resulta que en los hechos ocurrió exactamente lo contrario. El gobierno se regodea cada vez en sus buenos resultados en indicadores de crecimiento tanto del producto como del ingreso, sin nunca, nunca, haberse cuestionado la estructura, y peor, la superestructura detrás de este crecimiento. Vaya marxistas. Como ocurre con el 99% de los bolcheviques y consecuentes pseudobolcheviques, o no leyeron a Marx, o no lo entendieron. Pero, aún peor, nunca, ni por asomo, se atrevió el partido de gobierno, a desarrollar su teoría e intentar pasar a una praxis coherente. De hecho, su dedicatoria permanente a la disputa política, a la campaña, a la prebenda y, sobre todo, al intentar por todos los medios disponibles – legales o ilegales – controlar cualquier voz crítica, venga de donde venga, intentando guardar cierta apariencia de democracia para la foto, le ha impedido por completo entender su propia propuesta, mucho menos ponerla en práctica.

Todo esto, pues, como una larguísima introducción a la idea que quiero presentar este 1ro de Mayo. La idea de que, si algo le resulta realmente molesto al gobierno, es la izquierda.

A una derecha se la conoce. Se sabe quiénes la representan. Se sabe qué propone. Se sabe, en toda Latinoamérica, que es una derecha vergonzante, que nunca se va a admitir de derecha. Frases típicas que siempre se rematan con un “pero” (“Yo no soy de izquierda ni de derecha, pero…” “yo no soy racista pero…” “Yo no soy machista, pero…”) son el mejor identificador de la derecha tradicional latinoamericana. Por cierto, esta derecha, derrotada y desarticulada, hoy resurge con mucha fuerza, no gracias a sus propios esfuerzos de interpelación, sino por reacción a las estupideces cometidas por la otra derecha, que se autoproclama de izquierda, socialista, incluso revolucionaria.

Esta otra derecha, fascistoide, absolutista, a la que la democracia le incomoda en extremo, incapaz de escuchar al pueblo a menos que esté adscrito a la Organización Social oficialmente autorizada, donde el llunk’erío es no sólo la norma, sino la única forma de supervivencia política, pues quien no adula al Jefazo es inmediatamente apartado, perseguido y linchado mediáticamente para sentar sólido precedente de silencio y obediencia absolutos; esta supuesta “izquierda” que se inspira más del Nacional Socialismo que del Socialismo Real, Utópico, Democrático o Científico y rechaza expresamente el Internacionalismo, ha cumplido exactamente nada de sus propuestas electorales ya vetustas por el paso de una década completa en la que se ha excluido por completo a las propias bases del MAS del proceso de toma de decisiones.

Nos prometieron librarnos de las garras del imperialismo. Solamente cambiamos de amo, por uno que pudiera considerarse aún peor si no fuera que, por lo menos, no se mete a bombardear a los desobedientes. Ah, pero no dudo que con el tiempo también empezarán a hacerlo.

Nos prometieron sustituir el capitalismo con una “economía plural”. Niente. Más allá del capitalismo de Estado, que no es más que capitalismo ejercido por unos cuantos burócratas que ni siquiera han arriesgado su propio dinero en la inversión, las otras alternativas quedaron en nada. El cooperativismo es un cuento de hadas y muchas cooperativas ejercen un capitalismo mucho más salvaje y explotador que el de las empresas tradicionales – las cuales al menos tratan de cumplir las leyes, cosa que a las cooperativas, por lo menos las mineras y algunas de servicios, les vale madres. Y las formas de producción comunitaria han existido siempre, la única diferencia es que ahora tienen una denominación más sexy. ¿Sexy para quién? Para las ONGs, que por otro lado son vilipendiadas y atacadas de manera sistemática y, sobre todo, generalizadora. ¿En qué quedamos entonces?

Nos prometieron también una profundización de la democracia, abriendo las opciones del ejercicio directo y participativo. No solamente esto no pasó del papel (salvo los referéndums que sistemáticamente usó el gobierno para plebiscitarse y que ya no le quedan ganas de usar tras la derrota del 21 de febrero, y dos, DOS autonomías indígena originario campesinas) sino que la democracia más formal, la que depende del Estado de Derecho y el Imperio de la Ley, ha sufrido embates muy cercanos a la fatalidad, desde la inhabilitación de listas completas de candidatos por una infracción menor por parte de alguien que ni siquiera era candidato, hasta la criminal anulación del voto popular para bloquear una segunda vuelta en franca violación del más importante principio del sistema electoral boliviano, el Principio de Preculsión, todo esto sin mencionar el uso abusivo del aparato comunicacional, las sospechas permanentes de fraude, la cooptación de las fuentes de opinión tanto mediáticas como de las propias organizaciones populares, el acoso judicial permanente a todo el que no sea funcional, las privaciones ilegales de libertad con acusación ex post, y una larguísima lista de etcéteras.

Nos prometieron una revolución productiva, dando un salto hacia medios de producción que correspondan con la era. Naranjas. Las minas se siguen rasgando a pico y pala, la caña se sigue cortando a machete, la almendra se sigue pelando con palanca de hierro forjado. La incorporación de tecnologías y métodos tendientes a bajar la altísima demanda de mano de obra no calificada, de bajísima productividad y enormemente vulnerable a la explotación, se hace a paso de tortuga y se mantiene en casi exclusivo monopolio del sector empresarial privado. En esta “economía plural”, la transferencia tecnológica es baja en el sector privado, muy baja en el sector público, casi nula en el sector social-cooperativo, y de un cero absoluto en el sector comunitario. De hecho, el único sector de la economía que tiene un boom tecnológico sin precedentes es el único que no está reconocido en el modelo de la “Economía Plural”: la economía informal o abiertamente ilegal.

Por supuesto, todo esto tiene que ver con el no haber podido salir del esquema de país exportador de materias primas y vulnerable a shocks externos estructurales, pero sobre esto ya se escribió mucho y mucho mejor de lo que yo pueda decir al respecto.

Pero lo más grave es lo que machaconamente me veo obligado a repetir cada 1ro de Mayo. Nos prometieron dignidad. Naidies. 80% de la población que trabaja lo hace en situación de precariedad en el sistema informal. Sólo 10% aporta para su seguridad social. Como se ha hecho tan dolorosamente evidente, la gente que sufre discapacidad no tiene una red de protección, tan necesaria para que puedan realizarse a pesar de sus limitaciones físicas. Aplaudimos los bonos destinados a la escolaridad, a la maternidad y primera infancia y a la vejez, pero no sólo no se ha avanzado, sino que se ha retrocedido en términos de igualdad social entre hombres y mujeres, entre adultos y niños, entre adultos y adultos mayores, y, paradójicamente, entre criollo-mestizos urbanos y pueblos indígenas. Las pensiones de jubilación son de miseria, mientras el sistema sigue costando fortunas al erario y lo seguirá haciendo por años. La violencia de género ha recrudecido a niveles sin precedentes. La cantidad de niñas, niños y adolescentes que trabajan en condiciones de explotación es francamente criminal.

Para rematar esto, el gobierno y sus acólitos, prebendas y clientelismo al estilo romano de por medio, usan desde la negligencia hasta métodos abiertamente violentos para impedir que alguno de estos sectores sea protegido con políticas públicas efectivas. Se utilizan las organizaciones de niños trabajadores para promover su extraña comprensión del “derecho al trabajo”, mejor dicho “derecho a ser explotado, incluso autoexplotado”. Se mantienen las políticas de género en las puras formas, replicando en las esferas políticas los mismos comportamientos patriarcales que ejercen en sus casas (sometimiento a la voluntad del jefe – macho –, acoso político, anulación y hasta violencia física para que “aprenda” la oveja descarriada – estoy pensando en el caso Zapata). Y ni hablar del trato represivo violento física y simbólicamente, de abierta discriminación y desprecio, con insultos, descalificaciones y, sobre todo, desvalorizaciones como seres humanos, de los más vulnerables de los más vulnerables: los discapacitados, los indígenas y los ancianos.

Y la cereza sobre la torta. Nos prometieron transparencia, control social y honestidad. No necesito siquiera explicar este punto. Todo el mundo sabe cómo se despilfarran los recursos, cómo la coima y la comisión son una cosa de todos los días, cómo se priorizan obras faraónicas que son muchos más “rentables” que políticas de inclusión donde es muy difícil echarle el guante. El que no lo ve es porque no lo quiere ver, así de simple.

¡Con razón pues resurge con tanta fuerza la derecha cavernaria!

A pesar de todo esto, vaya para todos ustedes un abrazo revolucionario y solidario. ¡Viva el Primero de Mayo!

Esteban

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