Pokémon Go: Vamo a calmarno

Posted on 12/08/2016

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SquirtleUna de las muchas cosas que nos definen como humanos es nuestra manía de juzgar y criticar a quien tiene prácticas diferentes a las de uno. Si esa práctica emerge de alguna nueva tecnología, desconfiamos aún más. Clarísimo ejemplo de esta manía tan humana es la reciente locura del Pokémon Go.

Para quienes han estado viviendo debajo de una piedra los últimos 20 años, valga una corta explicación de lo que se trata. Pokémon es una franquicia de origen japonés, creada por Satoshi Tajiri en 1995, que se centra en las criaturas de ficción que le dan el nombre a la franquicia, que los humanos “capturan” y “entrenan” para luego enfrentarlos en combates virtuales. Estos simpáticos bichos, creados generalmente de la mezcla entre diferentes especies que existen en la realidad y con algunos elementos fantásticos (algunos respiran fuego como los dragones, por ejemplo), se coleccionan, existiendo alrededor de 800 “especies” diferentes, con sus propias características, fortalezas y debilidades. Los juegos, hasta el año pasado, asociados con la franquicia consistían en mundos virtuales privados, en los que cada jugador “atrapaba” a los Pokémon para entrenarlos y evolucionarlos para combatir contra la inteligencia virtual de la consola, o entre amigos jugando en conexión. Pokémon Go es una evolución tecnológica muy interesante del juego, pues en él los Pokémon se encuentran en un mundo de realidad aumentada, basada en los mapas reales de las ciudades, y en el que el jugador debe salir a la calle a buscarlos y “atraparlos”.

Hete aquí, sin embargo, que semejante maravilla tecnológica ha molestado a miles de personas, que todos los días publican en las redes sociales, otra maravilla tecnológica que hoy damos por sentada cuando hace apenas 10 años también nos parecía peligrosa y perjudicial, reniegan, pero sobre todo insultan abiertamente a quienes practican el juego, como si les causara algún daño.

Es cierto que hay algunos riesgos asociados al juego. Se han presentado casos, muy aislados pero de mucha cobertura mediática, de personas, generalmente niños y adolescentes, que por jugar Pokémon Go perdieron conciencia espacial, por llamarlo de alguna manera, es decir, el concepto de lo que les rodea, y se aventuraron a cruzar calles sin mirar o entrar en lugares sagrados a buscar estos bichos, con algunas consecuencias lamentables, a veces, pero sobre todo causando la molestia de otras personas. Estos sucesos, aislados y cuyas causas pueden encontrarse en algo mucho más profundo que el sólo hecho de estar jugando el juego, han reforzado las posiciones críticas e intolerantes, usándose – otra manía tan humana – lo anecdótico como prueba absoluta de lo que se quiere argumentar.

Personalmente, creo que esas actitudes críticas no tienen asidero alguno. Los sucesos negativos asociados con el juego pueden controlarse, ya sea mediante una supervisión adulta si el jugador es muy pequeño para andar solo por las calles, ya sea creando consciencia sobre cómo cuidarse, como lo ha estado haciendo la Policía Boliviana, cosa que aplaudo de pie y que creo que debe replicarse, ya sea realizando ajustes y “parches” desde la propia compañía que desarrolló el juego para excluir de sus mapas los lugares en los que por respeto a las creencias de los demás no es recomendable “esconder” Pokémon, como templos, cementerios y monumentos memoriales. Nada de esto afecta al fondo del asunto, ni es irrealizable, ni requiere de prohibiciones absurdas – por cierto, los seis países que prohibieron el juego tienen, todos, regímenes teocráticos.

Me parece que más bien hay que celebrar que el mundo tan tecnológico y tan aislado que tenemos ha encontrado una manera de generar espacios de intercambio social personal, de aprovechamiento del espacio público, y de priorización de la persona por sobre otras tecnologías, como el automóvil por ejemplo, y que esta oportunidad no debería ser desaprovechada. Creo que, con los pequeños ajustes que menciono, puede haber una buena oportunidad de resocialización de nuestros hijos e hijas, en lugar de que los tengamos encerrados en casa porque las calle nos da miedo. La tecnología suele llegar para quedarse, y no hay fuerza en el mundo que impida su adopción. Ya vieron cómo algunos países intentaron prohibir las redes sociales hace no muchos años, y ya vieron cómo les fue. Lo mismo ha ocurrido con cada gran salto tecnológico. O bien aprovechamos esta ventana de oportunidad, o nos quedamos rezongando sin argumentos reales y dejamos que el avance tecnológico nos pase por encima. Por lo pronto, yo le sugeriría a las alcaldías, por ejemplo, subirse al carro e invitar a las niñas y niños a tomar las plazas y parques de la ciudad para jugar Pokémon Go, y aprovechar para enseñarles algo sobre cultura ciudadana, derecho a la ciudad y al espacio público, y cuidado del bien común.

Esteban

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