In Memoriam: Gene Wilder

Posted on 29/08/2016

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young-frankenstein-3Actor, comediante, acuarelista, escritor. Gene Wilder, nacido con el nombre de Jerome Silberman, era mucho más que sus más conocidos personajes. Desde su debut en Death of a Salesman, en 1966, Wilder mostró que sus enormes ojos y su rostro casi de niño eran perfectos para interpretar personajes llenos de inocencia y una dulce picardía, incluso cuando tocaba temas netamente sexuales como en Everything You Always Wanted to Know About Sex (But Were Afraid to Ask).

Muchos, muchos años después del Willy Wonka tan brillantemente retratado por Wilder en 1971 se convertiría en uno de los memes más importantes de la cultura posmoderna, representando a perfección el sarcasmo condescendiente. “¿Dime qué se siente…?” es la versión hispanoparlante del meme, en un rarísimo caso de adaptación de un meme de internet al español sin cambiar la esencia (los demás 12 memes fundamentales han cambiado fundamentalmente en su salto al idioma de Cervantes, como el de la Rana René, que en su versión inglesa termina observaciones sociales con “pero eso no es asunto mío”, mientras en la versión castellana sirve para frases del tipo “A veces quiero… pero me acuerdo que… y se me pasa”).

En cinco décadas, Wilder se mantuvo, pues, relevante, con una breve pausa tras su último filme – el tristemente famoso Another you, película demasiado encasillada en la inocencia de los setenta, en una época, los 90, donde el cinismo era la norma –. Pero si en cinco décadas se mantuvo relevante, no hubo, ni antes ni después, un año como 1974. No sé si fue un especial golpe de inspiración, o solamente un exceso de demanda para alguien que no supo decir que no, pero ese es el año en que tres de sus más conocidas actuaciones y una de las más raras fueros lanzadas a la marquesina.  Ese año se estrenaron Blazing Saddles y Young Frankenstein, ambas del inigualable Mel Brooks; la mejor, qué digo, la única adaptación de El Principito que merece ser vista, y una rarísima y casi imposible de conseguir adaptación del Rhinocéros de Eugène Ionesco.

Gene Wilder tuvo pues relación con algunos de los más emblemáticos momentos de la cultura popular de este mundo tan conectado. Desde promover al primer Sheriff negro de la historia en Blazing Saddles, hasta crear al sordo Dave Lyons en el mejor dúo de héroes accidentales junto con el ciego Wally Karew de Richard Pryor, Wilder es, sobre todo, un actor de culto. Young Frankenstein requiere para ser vista de cierta visión del mundo que solamente podría compararse hoy con la de un Otaku. Start the revolution without me buscaba transmitir el sentido del humor del estilo de Monty Phyton a la sociedad estadounidense, impermeable al humor británico. The World’s Greatest Lover rendía homenaje al cine mudo y al universo de Rodolfo Valentino ocho años antes que Woody Allen hiciera lo mismo en Purple Rose of Cairo. De hecho, siento que Allen secretamente admiraba a Wilder, con quien trabajó en Everything you Always Wanted to Know…

Seguirlo y admirarlo requería sin embargo una forma muy especial de apreciar el arte popular y la contracultura. Los presupuestos muy bajos, el uso de recursos narrativos muy imaginativos para sustituir las limitaciones técnicas o presupuestarias, el estilo musical y broadwayesco como el de la maravillosa The Producers, el humor nihilista y el héroe accidental plagado de debilidades han sido, desde entonces, el tema recurrente de una corriente de contracultura a la que los críticos odian visceralmente, pero los que le huimos al mainstream amamos, y que solamente años después conseguiría un nombre: lo geek. Wilder fue un héroe de lo geek, sin realmente saberlo. Como debe ser un verdadero geek.

Esteban

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