La madre de todos los posers [1]

Posted on 04/09/2016

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81kjo7uwotl-_sl1500_En un rito bastante medieval, cuyos requisitos previos se han flexibilizado mucho para poder admitir que se realice especialmente para la persona de la que hablaremos hoy, el Papa de Roma ha fijado la fecha de hoy para declarar Santa a la religiosa albanesa Anjezë Gonxhe Bojaxhiu, más conocida como Madre Teresa de Calcuta, o, a partir de hoy, Santa Teresa de Calcuta.

Santa. Es decir, una persona con excepcional cercanía y similitud con el dios de los cristianos, nada más y nada menos. Y esta es, sin lugar a dudas, la opinión de la enorme mayoría de los católicos y muchos religiosos no católicos del mundo. La Madre Teresa, Premio Nobel de la Paz y fundadora de las Misioneras de la Caridad, merece los mayores honores y reconocimiento, porque cambió el mundo con su obra en favor de los pobres.

¿O no?

Christopher Hitchens, además de varios otros escépticos y críticos, hizo de desmentir el mito de la Madre Teresa una de las causas más importantes de su lucha antiteísta. Seguramente por eso el dios católico se lo llevó a temprana edad, maldito hereje. Hitchens no tuvo empacho de llamar a doña Anjezë “una fanática, una fundamentalista, y un fraude”. Pero Hitchens no estaba solo. Cuando uno comienza a escarbar, saltan posiciones muy, muy duras contra la supuesta santa. Incluso de ex Misioneras de la Caridad.

¿Qué importa? Dirán algunos fieles católicos. Todos somos humanos, todos cometemos algunos errores, es la obra en su conjunto la que cuenta. Primero, les responderé, ¿no es acaso justamente la definición misma de la santidad la que señala que estas personas son diferentes al resto de nosotros en que eluden o superan los pecados para acercarse al amo de los cielos? Si MTC, como la llamaré desde ahora por pura flojera de escribir un nombre tan largo, es tan pecadora y falible como el resto de nosotros, ¿a qué santo la declaran santa? Pero bueno, dejemos esta discusión para otro momento. Segundo, y esta es la razón de esta entrada en el blog, no se trata solamente de algunos errores y pecados, como tener mal carácter o haberse comido el pastel antes de que empiece la fiesta. Las acusaciones a MTC son muy graves. Seleccionamos sólo las tres más importantes, por razones de espacio y de no aburrir al lector.

  1. La pobreza hipócrita.

MTC era superiora pobre de una orden pobre en una iglesia pobre dedicada a los pobres. O al menos, eso dicen las estampitas. La verdad, bastante bien documentada por Hitchens, Chatterjee y Tariq Ali, entre varios otros, es que las Misioneras de la Caridad, y en especial MTC, aceptaban cheques y efectivo en grandes cantidades, de fuentes frecuentemente dudosas. Un caso llamativo es la donación de millones de dólares de esa época de parte del sanguinario dictador haitiano Baby Doc Duvalier, que además la condecoró con la Orden de la Legión de Honor y a quien ella a su vez ensalzó y llamó “amigo de los pobres”. La medallita que se la quede, está bien. El dinero en cambio evidentemente fue robado al pueblo haitiano. Parecidas relaciones tenía MTC con el dictador albanés Hoxha, con la controversial Indira Ghandi, con el estafador inglés Robert Maxwell, con los neofascistas italianos del Movimento Sociale Italiano – Destra Nazionale, y con la Junta Militar de Argentina. Sí, esa Junta Militar, la de Videla y Galtieri. Bueno, aunque medio Robin Hoodesco, quizás MTC estaría quitando el dinero robado de los pobres para devolvérselo. ¿Cierto? Falso. Siguiendo el rastro del dinero recibido, Penn&Teller encontraron que todo el dinero recibido se fue a la India para nunca regresar a los países de donde fue robado, y que la gran mayoría (93%) del dinero recibido se gastó en “actividades religiosas”, no en alivio de la pobreza.

  1. El culto al sufrimiento

En su libro La Posición Misionera, Hitchens explora, además, la supuesta misión de alivio de la pobreza. MTC creía, o decía creer, que lo que su misión aliviaba no era la pobreza material, sino la pobreza en amor y dignidad. Su “tratamiento” consistía, pues, no en dar refugio ni alimento a los pobres, sino una cama donde morirse “con dignidad”. ¿Que qué? Sí, ese era el rol de las Misioneras de la Caridad. No impedir que la gente se muera de inanición y pobreza, sino que no se ande muriendo en las calles. Bueno, ¿qué tiene de malo dar dignidad a la gente? Nada. Personalmente creo, por ejemplo, en la eutanasia para casos terminales. Pero el problema es que no había ningún esfuerzo de parte de la misión de al menos ver si la enfermedad era tratable. Los cuartos del convento eran mortuódromos. Para colmo, MTC hacía bautizar, antes de su muerte, a todos sus “clientes”. De nuevo, ¿qué daño hace? En principio, ninguno. Pero resulta que lo hacía sin preguntar al moribundo si quería bautizarse, o si por lo menos era cristiano. En la India, donde la enorme mayoría de la gente es hinduista, budista o musulmana, esto era simplemente un insulto a las creencias ajenas. Luego nos bulean a los ateos por no sentir respeto por las religiones de los demás. Por lo menos no obligamos a nadie. Pero nada de esto tiene la gravedad de lo que realmente estaba en el fondo: MTC creía firmemente que la iluminación solamente se podía conseguir a través del sufrimiento. Sip, seguramente era toda una luminaria, la magrecita. Claro, si uno cree realmente que aquí estamos solamente en tránsito, haciendo méritos para estar de fiesta en el siguiente ciclo, pareciera tener sentido. Pero para las personas que hemos superado a Papá Noel y el Ratón Pérez, esto es un despropósito mayúsculo. Dejar que la gente se muera de inanición sabiendo que se podría hacer algo al respecto, sólo para que se vayan al cielo cuando se mueran sin motivo, es por lo menos homicidio culposo.

  1. El milagro más cojudo de la historia, con el perdón de los lectores por el crudo lenguaje.

Estos comportamientos son pues coherentes con la mentalidad de MTC. Condenaba furibunda el aborto, la homosexualidad y la planificación familiar, y tenía una mentalidad profundamente colonial, hasta ahí todo normal, pero además se oponía radicalmente a los cambios en la doctrina que se propusieron en el Concilio Vaticano II. Era conservadora a rajatabla, pues. Pero bueno, ese era su derecho, después de todo. Resulta, sin embargo, que tales comportamientos, cuando tan furiosamente abiertos y públicos, podrían considerarse como inadecuados para una monja, pues estos temas se reservan para los sacerdotes ordenados y jerarcas. Pero eso nunca ha impedido canonizar a la gente antes, hasta soldados asesinos, reyes crueles y papas corruptos se han canonizado… No, pero aun así los méritos eran insuficientes. Para ser canonizado, uno debe haber realizado, en vida y después de la muerte, dos milagros comprobados. Estoy esforzándome mucho para no reír. Para doña Anjezë, y sólo para ella, la regla se flexibilizó. Un milagrito bastaría. Mitad de precio, caserita. Y ni siquiera hacía falta comprobarlo. Rápidamente encontraron a una señora que estaba dispuesta a afirmar que un retrato de MTC la curó de un cáncer estomacal lanzando rayos de luz, así como lo lee, cáncer que por supuesto nunca tuvo y que tanto su médico como su marido (sí, el marido de la “sanada”) desmintieron categóricamente. ¿Alguien los oyó? Nop. El Vaticano se apuró en dar por válida la historia, sin mucho examen, pasándose por alto las estrictísimas reglas del advocatus diavolo, y cediendo con gran alegría a la presión populista del papa que necesitaba beatificar a alguien antes de morirse, para no perder relevancia (a él mismo lo canonizarían aún más rápido, por el milagro de haber derrotado al comunismo, pero esa es otra historia). Te juro, he visto testimonios de avistamientos de Bigfoot mucho más creíbles que la historia del retrato milagroso.

Pero ahí está. Ahora es Santa Teresa de Calcuta.

Esteban.

[1] Por si hubiera alguien que no lo sepa, “poser” es un anglicismo que se usa para describir a una persona que vive de las apariencias, que le gusta ser visto como un inquebrantable militante de una causa determinada, pero que en realidad es pura pose, de ahí la palabra, y por dentro es muy desleal a aquello que predica

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