In Memoriam: Fidel Castro Ruz

Posted on 28/11/2016

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Al enterarme el viernes de la muerte de Fidel Castro, quise escribir, como es tradición en este Blog, un In Memoriam, como hago con las personas que más han influenciado – para bien o para mal – mi vida y mi forma de pensar. No obstante, al ser tan enormemente relevante – de nuevo, para bien o para mal – el líder/dictador cubano, hay en las redes mucho más y mucho mejor de lo que yo pudiera decir sobre él. Este es el caso del fabuloso artículo escrito por Samuel Farmer y publicado por el sitio In These Times, que me he tomado la libertad de traducir del inglés original, con algunos apuntes míos en nota al pie.

Esteban

Fidel Castro (1926-2016)

Por Samuel Farber

Tras una larga enfermedad que lo forzó a renunciar a su cargo en 2006, Fidel Castro murió el pasado 25 de noviembre. Castro había sobrevivido varios esfuerzos de EEUU para derrocar su gobierno y eliminarlo físicamente, incluyendo el patrocinio de invasiones, numerosos atentados contra su vida y ataques terroristas. Mantuvo un poder político supremo por más de 47 años, e incluso luego de haber dejado su alto cargo se mantuvo políticamente activo por varios años, reuniéndose con varias personalidades extranjeras y escribiendo sus “Reflexiones” en la prensa del Partido Comunista Cubano.

Fidel era el hijo de la cubana Lina Ruz y el inmigrante gallego Ángel Castro, quien se convirtió en un acaudalado terrateniente cañero en la isla. Fidel atendió una escuela secundaria jesuita, considerada una de las mejores escuelas de Cuba. Al ingresar a la carrera de Derecho de la Universidad de La Habana en 1945, comenzó su vida política, colaborando con uno de los varios grupos políticos delincuentes[1] que plagaban esa universidad. Como activista militante de la universidad, Fidel participó, en 1947, en un intento de invadir la República Dominicana[2] pensada para provocar un levantamiento contra Trujillo, y en el “Bogotazo” de 1948, la serie de severos disturbios que sacudió la capital colombiana tras el asesinato del líder Liberal Eliecer Gaitán. La naturaleza desorganizada y caótica de estos fallidos emprendimientos jugó un rol importante en la formación de la posición de Castro respecto a la disciplina política y la supresión de la disidencia dentro de los movimientos revolucionarios.

Luego se unió al Partido Ortodoxo liderado por el carismático senador Eduardo “Eddy” Chibás, con el cual se postuló a la Cámara de Diputados. El Ortodoxo era un partido democrático y de reforma progresista abiertamente opuesto al comunismo, y centrado en la eliminación de la rampante corrupción en la isla. Fueron las Juventudes de este partido las que se convirtieron en el principal centro de reclutamiento para Fidel Castro, cuando se comprometió en la resistencia armada contra la recientemente instalada dictadura militar del General retirado Fulgencio Batista.

Batista tomó el poder mediante un golpe de Estado el 10 de marzo de 1952, para impedir la elección general que debería haberse realizado – y la cual con certeza hubiera perdido – el 1° de junio del mismo año. Para fines de 1956, poco más de dos años de ser derrocado Batista, el Movimiento 26 de Julio de Castro, llamado así tras su fallido ataque armado en 1953, emergió como el polo hegemónico de oposición a la dictadura. Esto fue posible, en parte, gracias al colapso de los partidos políticos cubanos más antiguos, incluyendo el Partido Ortodoxo, y por el fracaso de los movimientos liderados por otras organizaciones. Pero esta hegemonía entre los rangos revolucionarios también fue producto de sus propios talentos políticos. Castro era un astuto político revolucionario[3], y un maestro para utilizar los elementos clave de la prevaleciente ideología política democrática de la oposición a Batista a fin de atraer el apoyo de todas las clases sociales cubanas. De esta manera repetidamente promovió, antes de la victoria del movimiento revolucionario, la Constitución democrática y progresista de 1940, que era ampliamente popular. De esta manera también, sin disminuir su militancia política, moderó el radicalismo social de su “La Historia me Absolverá” de 1953.

Fidel Castro era también un consumado estratega que instantáneamente entendió y actuó sobre los temas clave del momento. Por ejemplo, tas ser liberado de prisión y haberse refugiado en México en 1955, acuñó el slogan “En 1956, seremos libres o seremos mártires”. Él sabía que con esta promesa le tocaría retornar a Cuba ese año, aún si no estuviera listo militarmente, o correr el inmenso riesgo de perder su credibilidad. No obstante, decidió que esto era necesario para diferenciar su grupo de los contendientes armados y para revivir la consciencia política particularmente de los jóvenes, erosionada por la desilusión. Mantuvo su palabra, tocando tierra en Cuba con 81 hombres a bordo del Granma a inicios de diciembre de 1956, lo cual incrementó significativamente su prestigio.

Tras la victoria

La absoluta derrota infligida por Fidel Castro sobre el ejército de Batista abrió la puerta para transformar una revolución democrática multi-clase[4] en una revolución social. En el primer par de años después de la revolución, Fidel Castro cimentó su abrumador apoyo popular con una redistribución radical de la riqueza, que luego se convertiría en una completa nacionalización de la economía, que alcanzaba incluso a los más pequeños negocios comerciales. Esta economía altamente burocratizada condujo a un muy pobre rendimiento, agravado por el criminal bloqueo económico impuesto por Estados Unidos ya desde 1960. Solamente la masiva ayuda de la Unión Soviética a Cuba hizo posible satisfacer las más básicas necesidades de la población, en especial la educación y la salud. Igualmente importante para apuntalar el apoyo popular al régimen de Castro fue el revivir el antiimperialismo que estuvo latente en la isla desde los años 30.

Control organizacional

El gobierno de Fidel Castro canalizó en apoyo popular en movilización popular. Esta fue la mayor contribución cubana a la tradición comunista internacional. Pero a la vez que se impulsaba la participación popular, Fidel impedía el control democrático popular, y mantuvo tanto control político personal como pudo.

Bajo su liderazgo, el estado de partido único cubano se estableció a principios de los 60 y fue legalmente sancionado por la Constitución de 1976. El gobernante Partido Comunista una las “organizaciones de masas” como correas de transmisión para las “orientaciones” del partido. Cuando estas “organizaciones de masas” fueron inicialmente establecidas en 1960, todas las organizaciones independientes previamente existentes que pudieran haber competido con las instituciones oficiales fueron eliminadas. Esto incluyó las “Sociedades de Color”, que por mucho tiempo fueron la base de la vida institucional de los afrocubanos, numerosas organizaciones de mujeres mayormente comprometidas con servicios asistenciales, y los sindicatos que fueron incorporados al aparato estatal tras una meticulosa purga de todo punto de vista disidente.

El control personalista de Fidel Castro sobre todos los asuntos de Estado fue la mayor fuente de irracionalidad económica y despilfarro. El balance final de sus intervenciones personales en los asuntos económicos es ampliamente negativo. Estas decisiones personales pasaron desde el desastre económico de la campaña de zafra de 10 millones de toneladas de caña en 1970, que fracasó en lograr los objetivos de producción y gravemente trastornó la economía, hasta la incoherencia económica y el intrusivo microgestión de su “Batalla de Ideas” poco antes de su renuncia.

Manipulación y represión

Un rasgo característico de los 47 años de gobierno de Fidel Castro fue su manipulación del apoyo popular. Esto fue especialmente evidente en los dos primeros años de la revolución (1959 y 1960), durante los cuales nunca reveló, ni siquiera a sus más cercanos aliados, hacia dónde planeaba dirigirse políticamente. La censura sistemática que su gobierno impuso desde 1960 fue intrínseca a la política manipulativa de su régimen, y ha continuado bajo la presidencia de Raúl Castro. Los medios masivos, alineados con las “orientaciones” del Departamento Ideológico del PCC, publican solamente las noticias que satisfagan las necesidades políticas del gobierno. La censura es aún más evidente en la radio y la televisión, bajo la égida del Instituto Cubano de Radio y Televisión (ICRT), una institución despreciada por varios artistas e intelectuales por sus prácticas arbitrarias[5]. La ausencia sistemática de transparencia en las operaciones del gobierno cubano continuó bajo el mandato de Raúl Castro. Un claro ejemplo es la repentina baja de dos de los mayores líderes políticos del PCC, el Ministro de Relaciones Exteriores Felipe Pérez Roque y el Vicepresidente Carlos Lage, sin dar el gobierno explicaciones sobre su decisión. Desde entonces apareció un video que detalla la versión del gobierno sobre el evento, que fue solamente mostrado a audiencias seleccionadas de líderes y cuadros del partido. La censura y la falta de transparencia por momentos se convirtieron en franca falsedad, como es el caso de la repetida negación de la tortura y el maltrato físico en las cárceles cubanas, a pesar de la bien documentada evidencia presentada por varias organizaciones independientes de Derechos Humanos.

Fidel Castro creó un sistema político que no duda en reprimir, y no solamente a sus “enemigos de clase”, para consolidar su poder. Este es un sistema que ha recurrido a métodos policíacos y administrativos para resolver conflictos políticos. Este es un sistema que utiliza la justicia de manera arbitraria para sofocar cualquier disidencia u oposición. Entre las leyes que se han invocado para conseguir este objetivo están las que castigan la propaganda enemiga, el desacato, la rebelión, los actos contra la seguridad del Estado, la impresión ilegal, la reunión y manifestación ilícita, la peligrosidad social pre-criminal, la asociación ilícita, la resistencia a la autoridad y el libelo difamatorio. En 2006, Fidel Castro admitió que en un punto existieron 15.000 presos políticos en Cuba, aunque en 1967 citó la figura de 20.000[6].

Política exterior

Para muchos latinoamericanos y otras personas del Tercer Mundo, no es el establecimiento del comunismo en Cuba lo que obtuvo su simpatía por el líder cubano. Se trataba más bien de su abierto desafío al imperialismo[7] estadounidense y su obstinada persistencia en ese rol, no solamente reafirmando la independencia cubana, sino también apoyando y promoviendo los movimientos en el extranjero contra las clases dominantes y el Imperio. El gobierno de Fidel pagó el precio por ello con el auspicio de Washington a invasiones militares, atentados y campañas terroristas en Cuba, además del largo embargo económico a la isla. Hacerle frente al Goliat norteamericano no solamente era un tema de superar a un poder vastamente superior, sino también al racismo y la arrogancia del poderoso vecino del Norte. Como lo ha notado el historiador Louis A. Pérez, Washington frecuentemente percibió a los cubanos como a niños a los que había que enseñar a comportarse.

Sin embargo existen en la Izquierda varias ideas equivocadas respecto a la política exterior cubana. Si bien es cierto que Fidel Castro mantuvo su oposición a los EEUU hasta su último suspiro, su política exterior, especialmente después de los 60, estaba más motivada por la defensa de los intereses del Estado cubano como los definía él y sus aliados soviéticos que por la consecución de la revolución anticapitalista propiamente. Debido a que la URSS consideraba a Latinoamérica como parte de la esfera de influencia de Estado Unidos, presionó a Cuba para que moderara su apoyo abierto a la guerra de guerrillas en América Latina. Para finales de los 60, la URSS tuvo éxito en este esfuerzo, siendo ésta la razón por la cual la política de Cuba en África tuvo implicaciones tan disímiles para Angola y el apartheid en Sudáfrica, donde su apoyo era para la Izquierda, y para el Cuerno de África, donde su apoyo no lo era. En esa parte del continente, el gobierno de Fidel Castro apoyó una sangrienta dictadura “izquierdista” en Etiopía e indirectamente ayudó a ese gobierno a impedir la independencia de Eritrea. El principal factor que explicaría el apoyo al gobierno militar fue que Etiopía se había alineado con los soviéticos en la Guerra Fría. Esta fue la misma razón por la que Castro, para sorpresa y decepción del pueblo cubano, apoyó la invasión soviética a Checoslovaquia en 1968, aunque estaba claro que el disgusto político de Castro con las políticas liberales de Dubcek jugó un importante papel en la decisión. Fidel Castro también apoyó, al menos implícitamente, la invasión soviética de Afganistán en 1979, aunque lo hizo a regañadientes y con bajo perfil porque, dio la casualidad, Cuba recién había asumido el liderazgo del Movimiento de Países No Alineados, cuyos miembros mayoritariamente condenaban la intervención de la URSS.

Por regla general, la Cuba de Fidel Castro, aún en sus primeros pasos en la política exterior a inicios de los 60, se abstuvo de apoyar a los movimientos revolucionarios contra gobiernos que mantenían buenas relaciones con La Habana y condenaban la política de EEUU hacia la isla, independientemente del color político de esos gobiernos. Los casos más paradigmáticos de la “Razón de Estado” de la política exterior cubana son las muy amigables relaciones que mantuvo Cuba con el México del PRI y la España de Franco. Cabe hacer notar también que en varios países Latinoamericanos, como Guatemala, El Salvador y Venezuela, el gobierno castrista solamente apoyó a las guerrillas y movimientos opositores en la medida en que estas estuvieran dispuestas a apoyar la política exterior cubana[8].

Perspectiva histórica de Fidel Castro

El establecimiento de un régimen de tipo soviético en Cuba no puede explicarse en base a las generalizaciones sobre el subdesarrollo, la dictadura o el imperialismo que suelen aplicarse a Latinoamérica. El factor más importante que explica la singularidad del desarrollo de Cuba ha sido el liderazgo de Fidel Castro, que marcó una significativa diferencia en el triunfo sobre Batista y en la determinación del curso tomado por la revolución cubana una vez en el poder. A su vez, el rol de Fidel Castro fue hecho posible por la particular configuración socioeconómica y política de Cuba a fines de los años 50. Esto incluía la existencia de clases económicamente sustanciales pero políticamente muy débiles – capitalistas, clase media y trabajadores –, un ejército profesional y de muchas maneras mercenario con muy débiles relaciones con la clase económicamente más poderosa, y un considerablemente decadente sistema de partidos políticos.

El legado de Castro, sin embargo, se volvió incierto tras el colapso de la URSS. Bajo el mando de Raúl Castro, el gobierno, particularmente tras el Sexto Congreso del PCC en 2011, prometió cambios significativos en la economía cubana, que apuntan hacia el modelo sino-vietnamita que combina una apertura al mercado de capitales combinada con el mantenimiento de la política autoritaria. El restablecimiento de las relaciones diplomáticas con Estados Unidos anunciado en diciembre de 2014, el cual Fidel Castro apoyó de mala gana poco después, potencialmente facilitará esta estrategia económica, en especial ahora que el congreso norteamericano muy probablemente no revocará la ley Helms-Burton de 1996 (aprobada con el consentimiento del presidente Clinton), que elevó a rango de Ley el embargo económico a la isla. Entre tanto, la corrupción y la inequidad siguen creciendo y corroyendo la sociedad cubana, contribuyendo a un sentimiento general de pesimismo y al deseo de muchos, especialmente los jóvenes, de dejar la isla a la primera oportunidad.

A la luz de una probable transición hacia un futuro capitalismo de Estado y el rol que podría jugar en él el capital proveniente de potencias tales como Estados Unidos, Brasil, España, Canadá, Rusia y China, los prospectos de la soberanía nacional cubana – posiblemente el único claramente positivo elemento del legado de Castro – son ampliamente inciertos.

[1] El término usado por el autor parece un poco duro. Las organizaciones estudiantiles de la época, sin embargo, sí usaban con frecuencia tácticas ilícitas, incluso violentas, para intentar imponer su voluntad.

[2] Se refiere a la expedición de Cayo Confites

[3] Todo esto sin mencionar las legendarias capacidades histriónicas y de oratoria y su tremendo carisma personal

[4] Siendo éste el modelo prevaleciente en los 50 en América Latina

[5] Sin embargo, hay que hacer notar que importantes movimientos artísticos, sobre todo en música y en ballet, han surgido de estos medios y se han reconocido internacionalmente

[6] Hoy en día, la mayoría de los estudios hablan de cerca a 8.500 presos políticos.

[7] El tema del imperialismo de EEUU da para todo un todo de análisis. Baste decir por mi parte ahora que durante la Guerra Fría, este imperialismo (y el de la URSS) fue evidente y desvergonzado, yendo a contrapelo de todo el espíritu de las Naciones Unidas que declaró el derecho a la autodeterminación de los pueblos. Hoy ya no es tan evidente por Latinoamérica, habiendo EEUU girado su mirada después de la Guerra Fría hacia Medio Oriente, pero no es que haya dejado de existir.

[8] Esta afirmación me parece, al menos, discutible. Tanto el FSLN nicaragüense como el FMLN salvadoreño le deben muchísimo a Cuba.

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