Lamia CP-2933

Posted on 29/11/2016

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ap16334459044133Each empty snakelike body floats,

Silent sorrow in empty boats.

A sickly sourness fills the room,

The bitter harvest of a dying bloom.

Looking for motion I know I will not find,

I stroke the curls now turning pale, in which I’d lain entwined

“O Lamia, your flesh that remains I will take as my food”

It is the scent of garlic that lingers on my chocolate fingers.

Genesis – The Lamia (1975)

Es natural que no hayas oído hablar antes de la aerolínea LAMIA, aquella con matrícula y tripulación boliviana protagonista del trágico accidente de la noche del lunes, cerca de Medellín, Colombia. En realidad, LAMIA era una operación comercial muy pequeña, con una sola nave operativa – la que acabó destruida a pocos kilómetros al sur de Medellín – y dos almacenadas “en reparación” desde hace largos meses en Cochabamba, con vuelos solamente chárter, mayormente contratados por equipos de fútbol. Salvo que seas un entusiasta de la aviación, probablemente no sabías de su existencia.

De manera similar, es natural, salvo que seas un verdadero entusiasta del fútbol, que no te hayas enterado antes de la existencia del Club de Fútbol Chapecoense (yo incluso he tenido que revisar en Internet para estar seguro de haberlo escrito bien). Al no ser tan entusiasta del fútbol, admito que de Chapecoense no sé más que la historia sorprendente del underdog de un pueblo de Santa Catarina que llegó en pocos años de la división amateur “D” de Brasil a clasificar a la final de la Copa Sudamericana, y la trágica manera en que el sueño de disputarla se quedó trunco. Sobre el equipo de fútbol, y el resto de las víctimas del terrible accidente, solamente puedo presentar mis condolencias y mi profundo pesar para las familias, mucho más en consideración de la juventud de la gran mayoría de los fallecidos.

Estando un poco más al día sobre el tema de la aviación en Bolivia que sobre el fútbol sudamericano, sin embargo, quizás pueda aportar un poco de luz sobre todo lo que se anda especulando en las redes e incluso en medios más formales sobre este triste accidente.

De la existencia de LAMIA me enteré hace un par de años ya, cuando casualmente vi por primera vez fotos del Avro RJ blanco con cintas de colores y con matrícula Charly Papa que esperaba en un aeropuerto peruano (Cusco si no me falla la memoria) el último vuelo en ferry para empezar a operar en Bolivia. Recuerdo haber cuestionado en ese entonces la elección del nombre, pues me parecía desafortunado llamar a una aerolínea como al monstruo mitológico mitad mujer mitad serpiente que devoraba niños en las pesadillas de los antiguos griegos. Este comentario, aparentemente irrelevante, me permitió enterar que, en realidad, LAMIA era en apócope de Líneas Aéreas Merideñas, en referencia a su lugar de fundación y hogar del fundador, Mérida, estado del mismo nombre, República Bolivariana de Venezuela. Ajá.

Pero bueno, dirán los más razonables entre ustedes. No es delito ser venezolano, ni es delito crear una empresa en Venezuela, ni lo es sacar esa empresa de ahí y trasladarla a un país un poco más amigable con el negocio de la aeronavegación. Quizás, sólo quizás, un poco demasiado amigable. Especialmente para otorgar la licencia a una empresa que nadie conoce, que intentó arrancar dos veces en su país de origen, sin éxito, y cuyo dueño no tiene, aparentemente, ninguna experiencia previa. Extraño, pero no ilegal.

Pero aquí vienen cosas aún más extrañas. La mañana del fatídico día, según reportan algunas fuentes no identificadas (posiblemente del mismo equipo de fútbol, no lo sé), debía partir un vuelo chárter de una empresa no identificada que llevara a los deportistas desde San Paulo hasta Medellín. Según esta misma fuente, las autoridades aeronáuticas brasileñas no otorgaron el permiso, obligando al equipo a tomar un vuelo comercial, según este reporte. Pero hete aquí que el avión que acabó hecho añicos sobre el cerro El Gordo (que por cierto ya se había comido un avión antes) era un vuelo chárter, operado por LAMIA, en su único avión operable. El doloroso video subido a las redes por uno de los jugadores, celebrando estar por fin en camino – dos horas más tarde de lo previsto – a Medellín, muestra el interior de un 737 de BoA, claramente un vuelo comercial regular entre San Paulo y Santa Cruz. Los reportes del accidente hablan de una escala en Viru Viru, y de que el vuelo de LAMIA partía del principal aeropuerto cruceño. Ergo, hasta aquí lo que sabemos: El equipo y su comitiva partieron de Guarulhos en un vuelo regular de BoA, y tomaron un chárter de LAMIA para el segundo tramo, entre Viru y Medellín, porque las autoridades brasileñas no permitieron que el chárter partiera de San Paulo. ¿Quién era el operador de ese misterioso vuelo chárter que no ocurrió? ¿Fue una jugada del destino que no tomaran ese avión, y acabaran viajando en el que acabó precipitándose a tierra? ¿O era el mismo operador que debía llevar al equipo desde Guarulhos, sólo que las autoridades brasileñas sabían algo sobre este operador y por eso lo prohibieron? Sólo puedo especular.

Aquí es donde entra el segundo elemento. El plan de vuelo. La aeronave siniestrada, un Avro RJ85 de 17 años, similar a los que opera EcoJet, tiene una autonomía de vuelo de 1.808 millas náuticas, es decir, 2.909 km. La distancia entre Viru Viru y el aeropuerto de Rionegro, que sirve a Medellín, sin desvíos ni demoras, es de 1,617 mn, unos 2,994 km, de acuerdo con un plan de vuelo que se puede encontrar en flightplandatabase (https://flightplandatabase.com/plan/260754). ¿Cómo es posible que un avión realice un vuelo más largo que lo que su autonomía de vuelo permite? Puede ser, incluso en este caso, que, con un vuelo más lento (ahorrando gasolina, pues, como uno hace con el auto) se hubieran podido estirar un par de decenas de kilómetros a la autonomía, o que un viento favorable predominante ayudara a extender un poco la distancia recorrida. Pero sería un plan de vuelo enormemente arriesgado, y entiendo perfectamente que alguna autoridad aeronáutica esté reacia a aprobarlo.

Aún en este escenario, con suerte el avión hubiese podido realizar el vuelo, siempre y cuando no existan desvíos por mal clima (no hay noticia sobre esto, pero sí se sabe que en esta época hay muchas tormentas sobre los Andes colombianos, así que no lo descartaría) y se sabe que el avión hizo un par de giros en el patrón de espera (un “dibujo” en forma de óvalo en el cielo en el que dan vueltas los aviones mientras esperan su turno para aterrizar), aunque se reporta que no pasaron más de 15 minutos entre la instrucción de la torre de mantener el patrón de espera y la pérdida de la señal del radar. Y aquí entra el último misterio. Según reportes contradictorios, el capitán habría anunciado, al entrar o justo antes de entrar al patrón de espera, un problema eléctrico, o un problema de combustible. A esta hora, no se sabe cuál de los dos. Como fuere, tendría que haber ocurrido ya estando en el patrón de espera, pues si hubiera ocurrido antes la torre le hubiera dado prioridad para aterrizar al LAMIA. Intrigante.

Por supuesto, estas no son más que especulaciones, tal vez un poco más informadas que las que circulan por las redes, pero especulaciones al fin. Esta es, sin embargo, mi hipótesis de lo ocurrido:

  • El equipo de fútbol contrató a una empresa pequeña y posiblemente insegura para llevarlo de San Paulo a Medellín, en un avión cuya autonomía de vuelo no alcanza para hacerlo un un solo trecho, lo cual fuerza a hacer una escala. No habría problema si dicha escala se hiciera en territorio brasileño, Manaus por ejemplo, siendo ése probablemente el plan original. Sin embargo, las autoridades brasileñas tienen reparos con la empresa Venezolana domiciliada en Bolivia (no necesariamente, pero posiblemente también políticos) y se rehúsan a autorizar el vuelo.
  • En un replanteamiento de última hora, la empresa contratada acuerda con su contratante que los va a esperar en Viru Viru, donde deberán llegar los pasajeros en un vuelo regular, y posiblemente incluso compromete pagar los pasajes o al menos hacer un fuerte descuento por los perjuicios ocasionados.
  • Presionados por el problema económico que les causa este cambio de planes, la compañía presenta a las autoridades bolivianas un plan de vuelo directo y sin escalas desde Viru Viru hasta Rionegro, en el límite absoluto de la autonomía de vuelo de su aparato. Lo hace así para no perder tiempo ni repostar en el camino, pues ambas cosas cuestan mucho dinero.
  • De alguna manera, y con criminal negligencia, el capitán de la nave y las autoridades bolivianas tramitan y aprueban el plan de vuelo, que jamás debería haber sido aprobado al no considerar posibles desvíos por mal tiempo o esperas por tráfico, y sobre todo no cumplir con la regulación que obliga a calcular el combustible de manera que no solamente alcance para el vuelo sino sobre para una hora adicional, justamente en previsión de desvíos y/o patrones de espera.
  • Milagrosamente, el LAMIA logra llegar hasta la aproximación al aeropuerto de Medellín. Sin embargo, por tráfico o por mal tiempo, la torre instruye al capitán entrar en patrón de espera. El capitán, consciente de su predicamento, pero ya en patrón de espera (no antes), declara por radio la emergencia, tal vez aduciendo una falla eléctrica para obtener prioridad en el aterrizaje, o tal vez simplemente anunciando que se le acaba el combustible. Para cuando hace el anuncio, ya es demasiado tarde. La torre autoriza el aterrizaje de emergencia, pero poco antes de cruzar sobre el cerro El Gordo, que es un obstáculo importante a superar para aterrizar en Medellín, pierde los motores y no puede superar el obstáculo.

Sólo nos queda esperar el resultado de las investigaciones.

Esteban

 

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