In Memoriam: Gotlib

Posted on 04/12/2016

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buzz-58444e7665e16Pocas personas que han influido mi vida han sido tan específicas de un periodo y de una cultura como Marcel Gottlieb, más conocido por su seudónimo, Gotlib. Pocos placeres terrenales se me han abierto tan de golpe al cumplir la edad suficiente como leer sus historietas, incomprensibles para mí un año antes y que de repente me revelaban todos sus secretos al ser oficialmente un “adulto”.

Humorista, comentarista social, profundo conocedor de la mentalidad y la cultura francesa post-“Trente Glorieuses”, alumno y gran admirador del semidiós Goscinny, destructor de la “cuarta pared” en las historietas (mucho antes de Deadpool), pero sobre todo, magnífico caricaturista. La tradición francesa de la Bande Dessinée se convirtió en algo completamente nuevo bajo su pluma. El dibujo claro y vivo (a diferencia del dibujo oscuro y difuso de la tradición norteamericana), el humor negro y los juegos de palabras que tan bien aprendió de su maestro siguen ahí, pero Gotlib agregaba las referencias culturales. Sus personajes eran inmediatamente reconocibles, al menos si uno había crecido en Francia o muy cercano a la cultura francesa de los años 70, 80 y 90 (el segundo fue mi caso), o más bien, una mezcla de pop culture anglófona (Los sucios vaqueros de Sergio Leone, los Beatles), francesa (Brassens, Simenon) y universal (Isaac Newton, reducido a una broma recurrente sobre el descubrimiento de la gravedad, manzanazo en la cabeza de por medio). Gotlib era un verdadero pionero, osado y controversial, capaz de tratar abiertamente (y siempre en broma) temas tabúes como la sexualidad, el nacionalismo, las relaciones laborales, el ingreso de los jóvenes al mundo de los adultos y, aún antes de Charlie Hebdo – al cual a su vez influyó mucho -, la religión y sus personajes mitológicos, sin detenerse ni en Jesús ni en Mahoma. Entiendo que nadie lo amenazó de muerte por ello. Eran otros tiempos.

Ni siquiera la relación, sagrada y ajena, entre el autor y el lector sostuvo el embate de Gotlib. Sus historietas no eran un cuento, eran in diálogo con el lector. Eran bromas contadas por tu amigo tras un par de copas. Esas que te hacen reír a mandíbula batiente por su sola irreverencia. Esas contadas con una mezcla perfecta entre lo groseramente coloquial y la precisión del lenguaje elegante.

Hasta siempre Gotlib.

Esteban

chassaykl

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