Lo has Dakado

Posted on 05/01/2017

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Tengo que admitir que me pareció ingenioso el invento reciente del verbo “dakar” (juego de palabras relacionado con un cuasi anagrama del verbo “cagar”, por si no lo entendiste) en protesta por la carrera del mismo nombre por, esencialmente, todo el occidente boliviano. Más aún cuando, frente a las reacciones más diversas desde un modesto entusiasmo pasando por molestia hasta la rabiosa indignación que se manifiestan en las redes sociales, las autoridades, y no solo del gobierno masista sino incluso de los gobiernos locales opositores, tratan de callar las voces disidentes y “cuidar” la “imagen” del país y en particular de La Paz, un poco como cuando vives peleando con tu pareja pero cuando hay invitados parecen dupla de telenovela.

Sobre el Dakar en sí, lo he manifestado insistentemente, tengo sentimientos encontrados. Por una parte, como entusiasta que soy de los fierros y del automovilismo, me sigue emocionando la idea de ver de cerca un evento mundial como éste, mucho más si se presenta la oportunidad de ver en persona y, ojalá, conseguir una firma de Sebastien Loeb, uno de los mejores pilotos del mundo en la actualidad, indistintamente de la categoría. En contraposición, sí creo que hay un defecto conceptual básico en este tipo de prueba, y hay una razón por la cual la FIA no reconoce esta categoría: las pruebas se desarrollan en espacios abiertos y públicos, sin reparo de las consecuencias sobre el paisaje, el patrimonio natural o el patrimonio arqueológico. A diferencia de las demás categorías, que se desarrollan en pistas cerradas, caminos privados o caminos públicos expresamente cerrados para la ocasión, el Dakar, y las restantes pruebas de la categoría, se desarrolla entre un punto A y un punto B, debiendo los competidores llegar a destino como buenamente puedan, y contra reloj. Es pues muy peligroso, y se ha llevado muchas vidas en su historia. Not cool.

Pero hete aquí que la discusión versa sobre cualquier cosa menos la prueba deportiva en sí. El gobierno boliviano, con su característica rimbombancia y su entusiasmo por endilgarse méritos ajenos, se ha ocupado en los últimos 4 años de hacer creer a los bolivianos que el Dakar es cosa suya, que gracias al hermano Presidente existe el Dakar y que es el balcón por el cual el mundo entero se detiene por dos semanas cada enero sólo para admirar la surreal maravilla que es Bolivia. Ah, y de paso esos paisitos vecinos por los cuales también pasan raudos los autos y camiones. Esta, como se ve en la versión 2017 del raid, es un arma de doble filo. La lógica es simple: si Dakar es el Evo y Evo es el Dakar, entonces el Dakar tiene la culpa de que no haya agua en La Paz. Obvio, pues. Si bien la evidencia empírica muestra que los efectos negativos del paso de la prueba se absorben muy rápidamente y las consecuencias –excepto casos excepcionales de destrucción de patrimonio arqueológico, que han sucedido en Perú y Chile– suelen ser sólo de muy corto plazo, la asociación, hecha adrede y con un (mal) cálculo político, entre la organización del evento y el gobierno del hermano Evo convierte automáticamente el evento en un chivo expiatorio.

Para agregarle el insulto a la herida, no sólo el gobierno “invierte” en la franquicia del evento (pongo entre comillas porque nadie conoce el retorno que se genera, mucho menos los TIRes y VANes de rigor), no sólo el gobierno con complicidad de la alcaldía una vez más agrede a la ciudad y la paraliza por un fin de semana entero, con graves perjuicios para quienes, con todo derecho, no se entusiasman por ver a los bólidos, no sólo busca censurar a quienes quieren aprovechar la plataforma internacional para realizar denuncias muy válidas (aunque no creo que vayan a cambiar nada, pero es un derecho fundamental), sino además van a lavar los autos en plaza pública delante de miles de sedientos zonasureños que están hace dos meses con severos racionamientos de agua. Que los cisternas vengan de Achocalla o de Argentina, da igual. Que cuatro cisternas no solucionan el problema, también da igual. Este es un gigantesco dedo medio levantado contra la población y en un evento muy público y masivo. Y eso, hipocresías e inconsistencias de más o de menos, es imperdonable. La factura política va a ser enorme. Evo, lo has dakado.

Esteban

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