Meme cago de la risa

Posted on 05/04/2017

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Troll+FacePerdone el lector la licencia en el título, pero es que los niveles de absurdo en nuestra pequeña tragicomedia boliviana me obligan a reírme de algo tan serio como la censura y el encarnizado ataque a la libertad de expresión, tan fuerte que comienzo a dudar que mis esfínteres resistan.

Empecemos por comprender qué es un meme. Tal y como el inventor del término, el biólogo Richard Dawkins, y luego varios otros, incluyendo antropólogos y sociólogos, lo afirmaron, un meme es un medio de transmisión, o en realidad, de evolución cultural, entendiendo cultura esencialmente como la información transmitida entre miembros de una misma especie, por aprendizaje social mediante la imitación, por la enseñanza o por asimilación. Como en el juego del teléfono roto, esta información a veces sufre mutaciones, que al igual que en la evolución de las especies, a veces es exitosa y se retransmite, o simplemente fracasa y muere. De la misma manera que la información genética o gen (“gene” en inglés) se transmite, se replica y se va adaptando, la cultura también sufre este proceso a través de la memoria colectiva y la mimesis, de ahí el neologismo “meme”.

Desde hace tiempo varios autores han señalado las similitudes entre la evolución cultural y la evolución biológica. Popper, por ejemplo, señalaba las semejanzas entre el proceso del progreso científico y la selección natural, y mucho antes Leslie White también hizo consideraciones parecidas para el conjunto de la cultura. Pero desde Richard Dawkins se ha dado un paso más, ya que este autor considera la evolución cultural análoga a la evolución biológica y, en general, análoga a todo proceso evolutivo. Según Dawkins para que se dé un proceso evolutivo se requiere abundancia de elementos diferentes, un proceso de herencia o replicación, y un número de copias en función de su interacción con el medio. Al igual que en la evolución biológica, el meme no tiene un origen único ni un autor específico. Los elementos que lo conforman pueden tenerlos, pero una vez que un pedazo de información de convierte en meme pertenece a la especie entera, o al menos a esa porción de la especie que comprende las referencias culturales.

He aquí donde comienza la broma. Primero, poca gente, incluyendo un ilustre Ministro, comprende que un meme no es un fotomontaje de imagen y texto con contenido irónico que circula en las redes sociales. Este sólo es un soporte para el meme. En sí, el meme, en este caso, es la particular disposición del conjunto de los párpados y globos oculares del mencionado ministro, los rumores que circulan acerca del comportamiento del Ministerio al que dirige, y la natural tendencia a desconfiar de los políticos y administradores de lo público. Ese es el meme. La imagen rotulada por quién sabe quién originalmente no es un meme.

Segundo, el Ministro ignora que no existe responsabilidad para un meme. Bueno, tal vez la responsable por su particular fisionomía sea su mamá, por haberlo hecho así. Por lo demás, esta es una transmisión mutada de información de origen anónimo apropiada por un colectivo de seres humanos. Esto también me causa risa: pareciera que el Ministro de marras quisiera encarcelar a toda persona que transmite la información cultural. Es decir, trata de cazar moscas con pistola.

Tercero, aparentemente parte de la información contenida en el meme –la referida a una supuesta red de corrupción en el Ministerio en cuestión– se origina entre la misma gente relacionada con el gobierno, o al menos el partido que lo ocupa. Esto también me parece divertidísimo. En lugar de hacer una especie de escarnio público a la cultura popular, tal vez hubiera sido más productivo ocuparse del asunto denunciado.

Lo que sí no me parece divertido, es que se encierre con prisión preventiva en esa pesadilla que es Palmasola por lo que en el peor de los casos es una ofensa menor que no merece pena de cárcel, y en el mejor es un ejercicio básico de la libertad de expresión que ampara a todo ciudadano, independientemente del partido al que se adscribe. Aquí cabe aclarar que el señor Ministro no es un ciudadano cualquiera, amparado por la ley para proteger su dignidad personal y su buen nombre ante una posible difamación. El momento en el que se le tomó juramento como Ministro su vida privada se convierte en pública, y sus actos y omisiones en el ejercicio de sus funciones están bajo estricto escrutinio público. Esa, señores, es la verdadera libertad de expresión. Para eso sirve. Por eso es que sin ella no hay democracia.

Esteban

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